miércoles, 6 de octubre de 2010

Condenados sin juicio por defender la libertad

NOS FORTALECE en nuestra lucha el interés que se toman algunos periódicos canariones "grancanarios" en leer, y hasta reproducir textualmente, nuestros comentarios y editoriales. Ladran porque cabalgamos. Vamos con paso firme hacia la liberación de Canarias. Hacia la independencia. Hacia la libertad, que es el mayor tesoro que posee cualquier ser humano después de la vida. La vida y la libertad que les arrebataron a muchos de nuestros antepasados los viles invasores españoles cuando se apoderaron de estas Islas por la fuerza. Ese es nuestro delito: defender la libertad, la dignidad y la identidad de los canarios. Por eso nos quieren condenar, como asegura un periódico de Las Palmas que lo harán a raíz de la denuncia que ha presentado don Santiago Pérez contra nosotros. ¿Por qué sabe el director de ese medio que vamos a ser condenados, si todavía no se ha celebrado el juicio? ¿Tiene él algún conocimiento íntimo del funcionamiento de la Justicia que nosotros desconozcamos? Hasta donde sabemos, y queremos suponer, los jueces y las juezas sólo hablan de los asuntos judiciales donde tienen que hacerlo: en los juzgados y con la toga puesta, pero nunca en paños menores y entre las sábanas porque eso sería degradar a una institución respetable que respetamos, aunque no sea nuestra Justicia. Cuando Canarias se constituya como nación independiente, tendrá una Justicia propia que será muy justa y nada tendenciosa.

Don Santiago Pérez pertenece ya al pasado político de este Archipiélago. Su desaparición de la vida pública está siendo festejada ampliamente, según leemos en los periódicos regionales, por la mayoría de sus compañeros de partido. Todos están hartos de su intransigencia, de su bolchevismo, de su leninismo y su estalinismo. Santiago Pérez ha perdido todas las elecciones a las que se ha presentado porque, como decimos un día más, el pueblo no lo quiere. A estas alturas sólo lo apoyan los nostálgicos de la existencia de la Unión Soviética. Si una jueza (o un juez) ha de condenarnos por decir esto, que lo haga. Está en su derecho. El mismo derecho que nos asiste a nosotros para apelar la sentencia hasta donde nos dejen llegar. Hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, si fuese necesario. A ver si vamos a ser también responsables del descalabro político de don Santiago. De nuevo le recomendamos a José Miguel Pérez, secretario general del PSC-PSOE, que se aparte de este individuo de mala catadura política, como lo han hecho insignes socialistas. Entre ellos, el propio Jerónimo Saavedra, que es un hombre de bien.

Santiago Pérez ha sido el segundo socialista nefasto en caer por la mano de sus propios correligionarios. El primero fue el innombrable Juan Fernando López Aguilar, que siendo canario llegó a la fuerza desde Madrid para instaurar el chequismo político entre nosotros. Hoy vive políticamente desterrado en Bruselas. Queda un tercer socialista ruin todavía en pie para seguir haciéndole daño a Tenerife como el caballo de Troya que es: Juan Carlos Alemán. Un canarión infiltrado que, desde la Mesa del Parlamento, se ha permitido insultar al editor de EL DÍA. Y lo hizo, para más inri, de forma gratuita y sin venir a cuento. Tiene suerte de que José Rodríguez no lo haya demandado aún por intromisión en su vida profesional y empresarial.

Juan Carlos Alemán es otra de las maldiciones de Tenerife. ¿Quién es este político, igualmente inservible, para ponerse a opinar después de las primarias del PSOE, si durante meses, incluso durante años, ha permanecido callado cobrando el sueldo parlamentario que se subió, junto con las demás señorías, a costa del hambre del pueblo? Que se marche de una vez. Que se dedique a sus actividades privadas, si es que las tiene. Que no siga viviendo a costa de los canarios.

También sigue pululando en los cargos políticos otro socialista que nos ha traicionado miserablemente, cuyo nombre no queremos hacer público hoy para no añadir más leña al fuego. Otro caballo de Troya de Las Palmas en Tenerife que, desde los cargos importantes que ha ocupado, ha demostrado sobradamente no amar a esta Isla. ¿Cuándo desaparecerán estos miasmas de la política a los que nos referíamos en nuestro editorial de ayer? Indudablemente cuando seamos un país inde- pendiente sin partidos estatales españoles que sólo defienden el interés de la Metrópoli. Canarias tendrá sus propias fuerzas políticas que abarcarán todo el espectro ideológico, pero siempre con el denominador común de ser canarias. Es decir, de buscar el bienestar perdido de estas Islas y sus habitantes.

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