martes, 12 de octubre de 2010

No nos estamos tomando en serio

NO NOS ESTAMOS TOMANDO a Canarias en serio ni a sus habitantes como se merecen y sí estamos aceptándonos como indígenas colonizados y humillados. La gente de bien, los bien nacidos, las criaturas de Dios que somos todos los que venimos al mundo, no ignoramos que Canarias era un pueblo, una nación, con todas sus estructuras y bendiciones de la naturaleza física, geográfica y humana, cuando los canarios se vieron todos atropellados por los forajidos de un ejército regular y mercenario enviado por Castilla para conquistar estas tierras ajenas, e incorporarlas política y económicamente en beneficio suyo. Es decir, de Castilla; de España, que estaba acabándose de conformarse al mismo tiempo que se cometía la villanía, el genocidio y el holocausto de los canarios.
No tienen perdón de Dios que los que hoy dirigen nuestros destinos como consecuencia de una política y un gobierno que deriva de una Constitución para una nación continental, europea, no tienen perdón de Dios, insistimos, que no se hayan plantado para pedir la independencia de un pueblo esclavizado y avasallado desde hace casi seis siglos. Lo peor para la suerte de este pueblo, el pueblo canario, es que esos que no hacen nada pueden exigir sin ningún riesgo físico ni político el establecimiento de las conversaciones que harán de Canarias una nación soberana. Una nación en la que vivan libremente y con dignidad los descendientes de los guanches e incluso los canarios que, siendo hijos de peninsulares, del continente europeo, hayan nacido en estas Islas.
Hemos hablado siempre con la nobleza, la franqueza, la sinceridad y la valentía que les ha faltado a las generaciones anteriores a la nuestra por el temor a la prisión y a la muerte. Hoy el mundo es otro. Hoy el mundo no admite la esclavitud en ninguna de sus formas; ni antiguas, ni modernas. Por eso la ONU, sensatamente, estableció en su Resolución 1.514 del Comité de Descolonización de los Pueblos, que hay que descolonizar los territorios sometidos a naciones extranjeras. El ejemplo más típico, el primero y más antiguo de lo que es una colonia, lo tenemos en el archipiélago de las Canarias. Unas islas en las que vivía un pueblo libre, que hoy es una piltrafa. Un pueblo, que fue afortunado y hoy pasa hambre, don Paulino. ¡Hambre, don Paulino! Don Paulino, repare en que usted y sus servidores en Madrid, a los que el pueblo les dio la confianza, están obligados a pedir la libertad de estas Islas, salvo que usted sepa que si lo hace se producirá un movimiento sísmico que las haga desaparecer en el océano. Si no es por esta razón, ninguna otra de índole política justifica su gravísima irresponsabilidad.
Don Paulino, hemos creído y creemos en usted hasta que usted deje de ser. Pero no queremos que deje de ser y tenga que vivir despreciado por su gente. Usted, la Niña de Madrid, don Perestelo, los españolistas y colaboracionistas y los cómplices. La independencia, don Paulino, es inevitable. Llegará más tarde o más temprano. ¿Por qué dejar que el pueblo pase hambre, cuando podemos ser el país más rico del mundo?
Canarias está sumida en el hambre, la corrupción, las flagrantes injusticias de la Justicia y la desesperación, mientras cunde el asqueroso politiqueo de casi toda la clase política. Y un punto y seguimos para decir que elogiamos la actitud, el comportamiento y la gestión de algunos alcaldes, no sólo los ya premiados por su permanencia en sus puestos, sino los que aún están ahí haciendo frente a las dificultades que nos impone el desgraciado Gobierno que impera en la metrópoli, en España, y cuyos dislates repercuten en Canarias. Y ojo, canario; ojo, tinerfeño: no votes por la miseria. No votes por el bolchevismo que es hoy lo más despreciado en el mundo por sus resultados criminales y desgraciados. No te dejes engañar por ningún bolchevique, por ningún socialista e incluso por ningún popular que no sea del pueblo. No te dejes timar aunque se arregle el bigote y se vista con chaqué o con frac. Casi todos son viles traidores que rayan la línea de la prisión y de la sangre de los demás.
Predicamos el pacifismo de la misma forma que predicamos una Justicia justa. Y como tanto hemos escrito de la Justicia, y para que no haya dudas, prometemos que en un tiempo indeterminado, aunque ese tiempo llegará, haremos un resumen de la labor de quienes están llamados a juzgar con justicia y que, en vez de hacerlo, cometen injusticias inadmisibles increíbles. Aventuramos que algunos jueces, al margen de los que tenemos "situados" en un contencioso que hemos llevado hasta el Tribunal Supremo, serán cuestionados por sus inconcebibles injusticias. Sólo el relato que haremos de la actuación de una jueza hablará de las conductas similares de otros magistrados de los que venimos siendo víctimas. Respetamos a la Justicia, pero obedecemos a nuestra verdad y honradez, que están sufriendo mucho. El caso del profesor de la Universidad de La Laguna (pobre Universidad en la que ya no quieren matricularse los alumnos, que encierra una masa antitinerfeña y antisocial) clama al cielo. Insulta gravísimamente y con publicidad en prensa, que es un añadido agravante, pese a lo cual lo absuelve un juez, la Audiencia provincial determina que debe ser procesado, apela el demandado y otro juez o jueza (no queremos decir si es hombre o mujer) vuelve a archivar la causa. Un profesor que ha llamado a José Rodríguez "miserable", "engendro" y "desgraciado" entre otros epítetos. No conocemos ni sabemos quién es ese profesor. Sólo sabemos su nombre que nos ha sido proporcionado por nuestra denuncia. Tampoco ese profesor nos conoce a nosotros.
Todo esto ha sido una orgía orquestada por la prensa canariona con repercusión en la prensa de Tenerife; orquestada también por esa podredumbre que se refugia al amparo del Alma Mater lagunera. Qué atropello, qué indignación, qué vergüenza sentimos por esta institución a causa de los ruines que se cobijan en ella, y conspiran contra Tenerife. Desde ahora, y de cara a 2011, reclamamos que no se vote a los partidos estatistas que no defienden a Canarias ni a su libertad, ni se vote a los nacionalistas españolistas y amantes de la españolidad. Hay que votar por los movimientos patrióticos canarios. Por los nacionalistas puros, que todos conocemos y algunos de cuyos nombres ya hemos dado: Hilario Rodríguez, Juan Jesús Ayala, Antonio Cubillo, José Luis Concepción, Francisco García-Talavera y tantos y tantos que hoy predican sus contundentes razones independentistas y están exponiendo semanalmente sus ideas. Y no olvidamos a Antonio Cubillo, que junto con Secundino Delgado, Nicolás Estévanez y tantos mártires del pasado han tratado de enderezar el camino de su tierra canaria.
Hay que acudir a las elecciones de 2011 para salvar a Canarias, no a los barraganes y barraganas de la política. A Cubillo le decimos desde ahora que aceptamos como posible, si el pueblo así lo quiere, su Constitución, aunque se redactará otra para que los ciudadanos elijan. Le aconsejamos que retire su áfrico y su amazigh. Seguiremos con el euro. Es decir, con la lengua española, la cultura española y una economía que es la del mundo: europea, africana o norteamericana; la economía que corresponde a un país potencialmente más rico de lo que actualmente es por lo que está a la vista de todo el mundo: su posición estratégica, que hasta los norteamericanos envidian.
Hay que salir a la calle. Hay que resistir pasivamente las embestidas de carácter económico fiscal, tanto locales, como insulares, regionales y nacionales, que salen actualmente en forma de impuestos -igual que salían de las colonias españolas americanas en galeones de oro- con destino a Madrid, hasta que Canarias se recupere en el plano económico y recobre su libertad y pueda comer en su casa sin tener que acudir a los comedores sociales. ¡Qué increíble y dramática situación! Entonces empezaremos a gobernar en serio. El modelo de gobernar que se practica hoy es una pantomima que nos cuesta mucho dinero. Y seguimos encadenados a España, esa nación de allá lejos.
No obstante, tantos sucesos políticos y judiciales, seguimos confiando en don Paulino y en la Justicia justa.

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