lunes, 4 de octubre de 2010

Nos hundimos en la miseria

QUEREMOS iniciar este comentario, el primero de la semana, con un tema del que no nos hemos ocupado en días anteriores por falta de espacio: el éxito de Paulino Rivero y de su Gobierno en el caso Tebeto. Todo lo que sea ahorrar dinero público es importante siempre, pero mucho más en tiempos de crisis. En cualquier caso, invitamos al presidente autonómico (qué pena tener que hablar de presidente autonómico en vez del máximo dirigente de la nación canaria) que apueste por la independencia a ver si tiene el mismo éxito.
La autonomía, insistimos una vez más, es el gran fraude para estas Islas desde la transición hasta nuestros días. Por parafrasear al ínclito librero Alfonso Guerra, España ha cambiado tanto que no la conoce ni la madre que la parió. Según una noticia que el sábado publicó EL DÍA en su primera página, a Canarias ya no la está conociendo ni la madre que la trajo al mundo. "Cae la inversión por habitante del Estado en el Archipiélago", era el título de esa noticia a la que nos estamos refiriendo. Nosotros que hemos conocido a Canarias en su esplendor desde el caudillo hacia atrás (aunque oprimida y esclavizada por España, a la que siempre le ha debido obediencia por la fuerza), la verdad es que no la conocemos ahora ante tanta hambre y miseria que nos ha inducido el colonialismo peninsular. Podemos citar miles de ejemplos para apostillar nuestras palabras. Esta condición colonial y de sumisión a España y a las desgracias que padece ese país por culpa del inepto político de Zapatero tiene a muchos isleños presos de la más atroz miseria. Y así seguiremos mientras dependamos de la desgraciada y desprestigiada nación española, más aun en estos tiempos por culpa del presidente del Gobierno y su caterva de socialistas políticos, porque el socialismo humanista siempre lo hemos respetado y lo seguimos haciendo. Socialismo, comunismo, anarquismo, sindicalismo deslenguado, etcétera, constituyen el principal mal y la peor desgracia de las naciones de todo el mundo.
Cualquiera de nuestros lectores puede comprobar lo que nosotros comprobamos a diario leyendo la prensa o viendo los informativos de televisión: Europa se ha recobrado de la crisis, pero España sigue hacia atrás y Canarias cae cada vez más por culpa de los españoles. El Gobierno de Madrid ya no se preocupa ni siquiera de guardar las formas entregándonos las migajas de siempre. Ahora, según la noticia a que nos referíamos antes, ni siquiera invierte en Canarias lo que invertía anteriormente. ¿Para qué? Las colonias están para saquearlas, no para conseguir que prosperen. ¿Qué dice a todo esto doña Ana Oramas? ¿Qué dice el señor Perestelo? ¿Es eso lo único que son capaces de conseguir ambos en Madrid? Parece que sí. Desengáñese, doña Ana; a usted no le hacen caso en el Congreso de los Diputados (ni se lo harán nunca) porque es una indígena disfrazada de española. Y lo mismo su fiel escudero. Los dos están haciendo el ridículo creyéndose españoles. Ahora dice don Paulino Rivero que las conversaciones con el Gobierno para el apoyo de los nacionalistas canarios a los presupuestos están empantanadas. ¿Es que esperaba otra cosa, señor Rivero? Desengáñese usted también. Zapatero sólo les hace caso (un poco de caso, tampoco mucho) cuando le son necesarios. Y ahora ya no lo son porque tiene los votos de los diputados vascos del PNV.
No sólo está cayendo la inversión estatal en Canarias. También se les está cayendo la careta a los sinvergüenzas políticos. Ahora van a cara descubierta cometiendo sus tropelías contra el pueblo. ¿Y qué sucede mientras tanto con el pueblo? Que pasa hambre. También publicábamos el viernes que ha desaparecido el 90 por ciento de los estudios de arquitectura. No hay trabajo para nadie por la crisis, la mala política de los gobernantes españoles y sus consecuencias en Canarias. No hay trabajo pero sí miseria colonial para todos. Y doña Ana en Madrid suplicándole a Zapatero que le permita apoyarlo aunque sea a cambio de nada, con tal de seguir jugando a ser española postiza en las Cortes del Reino.
Y acabamos con una nota algo inmodesta (que nos perdone el lector por ello) pero de obligada inserción: nuestro editorial de ayer ha sido impactante. Dios está poniendo su mano por Canarias y, aunque sigue el miedo, se extiende la idea de que la independencia es inevitable, porque realmente lo es.

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