jueves, 7 de octubre de 2010

Otra vez la majadería del autogobierno

PARA NUESTRO ASOMBRO, seguimos leyendo noticias en las que el actual presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, pide en Madrid lo que no tiene que reclamar, mientras que continúa sin pedir lo que debe exigir para que Canarias pueda aspirar a un futuro digno y sin hambre. Y que nos perdone el lector por estos caracoleos lingüísticos. Ayer, sin ir más lejos, volvíamos a leer en la prensa que Rivero tensa la cuerda con Madrid para conseguir más cuotas de autogobierno. Al parecer, eso es lo que le exige el presidente canario a Zapatero para darle los votos de doña Oramas y don Perestelo en el asunto de los Presupuestos Generales del Estado español. Sin embargo, lo repetimos un día más, el autogobierno sin independencia es insuficiente; no sirve para nada.

Seguimos sorprendidos e intrigados por el secreto o los secretos que poseen tanto el señor Rivero como su Niña de Madrid. Decimos de Madrid porque doña Ana Oramas ya no es de La Laguna, de Tenerife y de su gente; ahora es de Madrid y de Zapatero cuando está por tierras peninsulares, y de Las Palmas cuando viene a las Islas los fines de semana. La Laguna ya no es nada para ella, al igual que tampoco lo es el periódico EL DÍA; su insultador, según dice, aunque no lo ha podido demostrar.

Autogobierno sí, don Paulino, aunque sólo si es total; algo, de ser así, que tiene un nombre: independencia. O soberanía, que es lo mismo, pese a que algunos prefieren este término porque están cohibidos aún por el terror que los españoles les han metido en el cuerpo durante casi seis siglos y no se atreven a hablar abiertamente de independencia. El autogobierno absoluto es lo único que nos sirve. Lo decimos hoy, lo decíamos ayer y lo seguiremos repitiendo todas las veces que sea necesario. Los conceptos de libertad, identidad y dignidad del pueblo canario se están convirtiendo en el lema de los independentistas; de los patriotas que no admiten la engañifa autonómica con la que enmascaran los españoles ante Europa y ante el mundo la ignominiosa condición colonial de Canarias.

Volvemos a preguntárnoslo: ¿en qué secreto está don Paulino Rivero? Estamos convencidos de que no es ni un traidor a su gente, ni un cobarde. Todo lo contrario; el presidente es un hombre valiente y leal. Traidores son los tinerfeños que no defienden a Tenerife sino a Las Palmas y los canarios que no defienden a su tierra sino a España, que es la nación opresora de los seres humanos que un día habitaron estas Islas con entera libertad. Y no vamos a retroceder en la historia (lo hemos hecho en muchas ocasiones) para recordarle a todos cuál es la nación que sojuzga a los canarios y los mantiene en la esclavitud (antes la esclavitud de las cadenas, hoy la administrativa) desde el siglo XV. Porque somos menos que sirvientes que comen de las sobras de sus señores; somos lacayos sumisos que sólo pueden aspirar a las migajas que caen de la mesa de sus amos. Con eso se contenta doña Ana en Madrid. Porque pedir autogobierno, perdone usted que se lo digamos de esta forma tan directa, señor Rivero (y esperamos que no se lo tome a mal), es seguir pidiendo migajas; es seguir lamiendo las botas del amo como un perrito fiel que salta de alegría cuando su dueño le echa un hueso.

Convencidos como estamos de que Paulino Rivero no es ni un traidor ni un cobarde, le pedimos que nos diga en qué secreto está para no pedir la independencia de su tierra. ¿Puede usted contestar a la pregunta que le hace un medio como EL DÍA? ¿Qué le aconseja no reclamar la independencia ya? ¿Piensa usted que la esclavitud de Canarias es justa y tolerable? ¿Fue justa la conquista genocida que sufrieron los habitantes de estas Islas? ¿Es que no fue un crimen de lesa humanidad el sacrificio de tantos hombres y mujeres, niños y niñas? Don Paulino: piense que la vida es breve. El tiempo pasa y la vida se nos va de las manos sin que nos libremos de la dependencia de los españoles; del sometimiento a unos intrusos que ocupan un archipiélago situado en otro continente, en el que entraron sin haber sido llamados y de muy mala manera.

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Don Paulino, usted sabe muy bien que Canarias es la nación de los canarios, y no pertenece a España; así de simple. Don Paulino, díganos usted: ¿tiene miedo a los españoles, tiene miedo a los amantes de la españolidad y a los españolistas? Don Paulino, ¿es usted un patriota o abandona a su pueblo porque ha recibido alguna amenaza o conoce alguna mínima razón o está asustado? Defínase o abandone, y si decide abandonar, pida primero con toda naturalidad, sin temor, la libertad que reclama el pueblo canario, aquella que le arrebataron los españoles. Don Paulino, no invocamos a doña Ana porque es una política claramente vendida a España y a los canariones. Don Paulino, los canarios queremos, lo decimos por enésima vez, nuestra libertad, nuestra identidad y nuestra dignidad. Ser dueños de nuestros recursos y riquezas, vivir con la abundancia que poseemos, con el bienestar que nos merecemos y que hoy estamos mendigando desvergonzadamente a España.

Don Paulino, aunque parezca mentira, seguimos confiando en usted. Estamos seguro que dará el puñetazo sobre la mesa y pondrá lo que debe poner para restituir el honor, la libertad y el bienestar de los canarios.

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